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31 de marzo de 2022

Efímero

Desde aquel día la oscuridad se convirtió en una especie de pausa en el tiempo, un impás defectuoso en el que los pensamientos silbaban alrededor en el más absoluto silencio. Fue una sensación extraña que solo me ha ocurrido dos veces, en los que había tanto ruido en mi interior que no escuchaba nada. 

Aquel viaje de autobús que hice fue una despedida en toda regla. La lluvia rasgaba los cristales de las ventanas y aunque no me mojaban, los recuerdos habían calado hasta en el último poro de mi piel. 

La noche era tan cerrada que no se distinguía lo que era asfalto y lo que era cielo. Qué paradoja. La opacidad daba paso a lo incierto, a lo desconocido y, quizás también de alguna forma confusa, a la vida. 

Los demás viajeros estaban ajenos al duelo, al desgarro de esa pausa que ya acumulaba horas y que no paraba de darse de bruces con el aquí y el ahora. Todos éramos pasajeros de lo efímero.

Después hice otro viaje, mucho más institucional e incluso hipócrita por definición, pero yo ya me había despedido de ti, y sin saberlo incluso también de mí, en ese autobús.

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Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)