El día empezó con nervios. Intentaba hacer cualquier cosa para no pensar en lo verdaderamente importante. Me subí al tren convencida de que allí no habría nadie esperándome. El ruido de las puertas cerrándose me afirmaron que ya no había vuelta atrás. Cuatro paradas. Tres paradas. Dos paradas. Llegados a este punto dudé durante un instante si pasarme de parada y huir como una cobarde. No, me dije, puedo hacerlo. El tren ya anunciaba mi destino. Nunca en mi vida había prestado tanta atención a aquella voz que me advertía que ahora o nunca. Tenía que bajar.
El resto...ya lo sabemos. Yo ya saqué mis propias conclusiones.
El resto...ya lo sabemos. Yo ya saqué mis propias conclusiones.
1 comentario:
Evidentemente... no sabes lo identificada que me siento jajaja!
Paso visitando! Un abrazo desde el silencio!
Publicar un comentario