No sé si es apatía, deseo, añoranza... no sé lo que es, pero mi cabeza me lleva a una noche estrellada, a una catedral que siempre me hizo gracia. Cosas de la vida, allí la tengo imponiéndose al tiempo. Majestuosa, silenciosa como nuestros labios en la oscuridad. No hay gente. Por no haber...creo que tampoco hay Luna. Es invierno, pero rápido aprendemos a mudar la piel al Ecuador. Me pregunto cuántos locos habrían ido a parar a ese banco. Cuántos ciegos de amor se dejaron revolver por la madrugada. Me pregunto si esa fue la última vez...
Nuestra última vez...

5 comentarios:
Los bancos son el último refugio.
A veces resulta imposible no acordarnos de esos días que fueron los mejores de nuestra vida.
Besos.
TORO SALVAJE:
Pobres bancos...
Saludos!
Undestinocontigo!:
Por algo fueron los mejores ¿no? Habrá que acordarse de ellos, se lo merecen!
Gracias. Más besos para ti.
Me gusta la idea que plasmas. Ese deseo, esa anoranza por volver a ese sitio y momento concreto. Los recuerdos fueron una vez un presente, así que tal vez regresen^^
sibisse:
Veo que has captado la esencia del mensaje que quería transmitir. No lo podría haber expresado tan bien como lo has hecho tú.
Gracias! Un beso.
Publicar un comentario