Suena un acordeón a lo lejos. Con un sonido viejo, antiguo, como si le pesaran los años... La música que produce le arrastra la atención hacia él. Un instrumento polvoriento, que rezuma olvido. Pasa desapercibido entre los ríos de gente y las taponadas calles de una ciudad cualquiera, en un lugar indiferente.
Qué sensación debe tener la persona que toca el instrumento- se pregunta en un alarde de interés tristemente pasajero. Todo el rato, de forma continuada, decenas de personas pasan a su lado con rapidez e incomodidad. Como si el pedir unas monedas le resultara escalofriante a la gente que se topa con el hombre del acordeón. Como si ganarse la vida de esa forma fuera el peor de los delitos. Miro al hombre, con su injusta condena golpeándole sobre los dedos que, a su vez, inventan notas que le aportan alimento. Sonríe.
No hay peor castigo que el que aplican los seres humanos con sus prejuicios.
No hay peor castigo que el que aplican los seres humanos con sus prejuicios.

4 comentarios:
Los hay que se desprenden de sus propios prejuicios y se saben libres y felices regalando su música a todo el que la quiera escuchar.
Es la que mejor suena.
Un beso
Los prejuicios sí que son el mayor delito, aplicarlos, digo. Por tanto, todos somos unos criminales.
La gente tiene pavor de mirar a los ojos de las personas limpias, puras y virtuosas, es una pena, pero creo que tienen miedo.
Besos.
Pudiera ser que el hombre del acordeón fuera más feliz que todos aquellos grises que le pasaban por delante apresuradamente...
yeste lima:
Esos son los más afortunados, los que regalan su arte tal vez porque no necesitan pedir nada, por diferentes motivos.
Gracias, un abrazo!
lunáticasuicida:
Sin duda alguna, todos lo somos. Miedo...esa es la palabra que algunos esconden.
Un beso. Gracias.
X:
Seguramente así sea... Los humanos tenemos que aprender aún mucho.
Gracias, un saludo.
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