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8 de enero de 2011

Locura de robo

Con esta crisis que se ha instalado, prolifera la profesión de ladrón. Pero no vengo a hablar de los ladrones de poca monta, que de esos hay miles, sino de los de guante blanco que son más difíciles de pillar y por qué no decirlo, tienen "más elegancia". Y hablo de esto porque aquel día yo debía de sentir unos nervios similares como cuando una ladrona está a punto de robar una pieza millonaria de algún museo de arte. Mezcla de entusiasmo al ver que faltaban pocos metros para llevártelo y que fuera tuyo. Los ladrones llevan en las venas locura. En buena parte, yo también tenía grandes dosis de locura.
Sigilosa me movía no fuera a descubrirme el de seguridad. Medía mis pasos, mis movimientos e incluso hasta mis respiraciones. Estaba tensa. El sonido de mis dientes que rechinaban y el de mi corazón a punto de que saliera por la garganta se escuchaban demasiado, me podía descubrir. Mis manos temblaban y no dejaba de mover los pies. No era capaz de detener mi mirada en un sitio concreto. Mis ojos corrían de un lado para otro, nerviosos. Pero había llegado el día de intentar robarle una sonrisa.
Robarlo a él era una locura que sin duda, le haría sonreír.

2 comentarios:

Ausencia Silenciosa dijo...

Qué ternura de entrada!!

Un muy feliz año para ti amiga!

Imaginativa dijo...

Gracias Ausencia!!
Lo mismo para ti, un beso =)

Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)