Se abre la ciudad a mis ojos y un atardecer me eclipsa. Las luces se encienden en las calles, pero en mi cabeza no se ha encendido ninguna bombillita, las ideas se han escapado. Estarán cansadas de que las ignore...
Hacía tiempo que no recorría estas estaciones tan familiares. Han cambiado. Será el frío de Enero o el paso a un año nuevo. Todos lo hemos hecho.
Desde siempre pensé que el frío traía consigo calor, para precisamente camuflar ese horroroso frío que se cala en los huesos y que convierte la ciudad en un congelador industrial. Es posible que me haya confundido y que el frío me arrastre a la frialdad, que hiele mi corazón y que extinga el calor que produce mi cuerpo gracias a ti. No sé...
La cuestión es que estoy aquí regresando a casa y pasando por las mismas paradas que antes recorrí inversamente, derritiéndome por momentos cuando recuerdo nuestros paseos por un Madrid congelado y con la tristeza de que se adhiere a mi piel una frialdad que no es propia de mi cuando estoy contigo.
¿Sabes? Tienes una paciencia envidiable. Tienes derecho a cansarte.
Esta frialdad me hiela por fuera mientras que por dentro sigo ardiendo de ganas de besarte. Fríos sudores me derriten hasta formar un charco en el suelo que se evapora con el calor de tus pisadas...
15 de enero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)

2 comentarios:
:o!
Gracias por pasearme por las calles de Madrid!Bonito texto!
(: Besos!
María.
=) Las gracias te las tengo que dar yo a ti!
Saludos^^
Publicar un comentario