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7 de diciembre de 2010

Ella, primero distante, medía todas sus palabras. Algunas se le enredaban como sus rizos en un día lluvioso y otras salían a causa de la acumulación al haber guardado tantas y desechado aún más. Por algún lugar tenían que salir, se repetía a modo de excusa. Y ese lugar era su boca que se empequeñecía por miedo.
Más tarde se fue deshaciendo del respeto que imponían sus ojos. Quitó del ambiente la tensión que reinaba como si tuviera posesión de una pequeña escoba y fuera barriendo para casa lo que le interesaba y tras comprobar que no sentía nada,ya que nada había y además el dueño de sus pensamientos no llevaba su nombre, sonrió para sus adentros y con la ironía que la caracterizaba pasó el resto de la tarde divirtiéndose. Asomando su cabecilla por el paraguas para ver la lluvia de cerca, como si fuera la primera vez y jugando a hacer castillos en el aire sin príncipes ni princesas...desvaneciéndose al instante gracias a las gotas que borraban lo imborrable puesto que nada estaba dibujado.
Reconozco que tuve pavor al escuchar tu voz, pero desapareció cuando asumí que por fortuna, no provocabas nada en mí.

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Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)