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11 de noviembre de 2010

"Pequeña" hoguera

Sin moverse ni un centímetro allí seguía la caja que desde hacía dos años no abría. Intacta hasta que cogí la tapa y fui destapándola. Dudaba sobre lo que me iba a encontrar.

El olor impregnó mis manos, pero no le hice caso. Papeles, y más papeles y una botella rellena de arena de una playa a la que ya no ponía nombre. Un plástico contenía cartas que no me molesté en leer. El libro que me prestaste y leí en su momento, me pedía a gritos salir de esa prisión y me preguntaba por qué le había condenado y tenía aquel castigo.
Sin dudarlo fui a la cocina a por las cerillas y me situé delante de la caja con una sonrisa entre los dientes. Prendí carta por carta, todos los papelitos que guardaba, los negativos de unas fotos de dos desconocidos y lo apagué con la botella de arena que había llenado dos años atrás. Pero todavía quedaban las cenizas de una parte de mi vida que nunca habría querido vivir. Por lo tanto me las puse entre las manos y dejé que el aire actuara en mi lugar y se llevase lo que nunca deseé que fuera mío. Y como colofón, la rabia en forma de lágrimas, puso el punto y final a esta especie de ritual.

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Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)