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15 de noviembre de 2010

Llovía a cántaros y los coches les empapaban de agua. Calada por todo su cuerpo el paraguas dejaba traspasar las gotas. Pero estaba con él y le daba la ligera sensación de que les sobraba todo. De que la lluvia no calmaría esos cuerpos sino que avivaría el calor retenido. De que las sombras de aquellos callejones oscuros y escurridizos, despertarían tras pasar con sus risas y gritos al pisar los charcos. Quedaban dos almas escondidas en ese colador que se hacía llamar paraguas, que se daban calor mutuamente para no morir de frío. Nadie más. ¿Para qué más? No había nada mejor que pasar una tarde lluviosa a su lado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ala amiga,qué bonito ! :) (hacía un montón que no te comentaba,pero no te creas que no te leo eh? XD) Te veo muy muy ilusionada ,y eso ya sabes que me encanta. Simplemente con ver tu cara u oir tu voz justo después de pasar una tarde con él me das una seña muy importante de tu felicidad.Se que esto va a durar mucho,y tu felicidad también :D

¡ TE QUIERO MUCHO ! lo sabes :)

Imaginativa dijo...

A lo primero bueno...y a lo de que me lees tengo constancia sobre ello^^ ilusionada es poco pero shhhh jaja

Gracias amiga, ah y yo también! =P

Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)