No sabía muy bien cómo comenzar. Hacía ya un año que mis pasos iban guiados hacia una misma dirección. El trayecto era más largo de lo que yo había imaginado, pero eso no era problema, seguiría hacia adelante. Pasaba por una de esas circunstancias, en las que no sabía que hacer. Te quería. Te quería mucho. Pero era consciente de que esto no iba a llevarnos a ningún lugar. Sentía que estaba haciendo una locura, y que solo me haría más daño, pero no podía remediarlo. Aun se escuchaban tus pasos alejándose. Llevabas un año, yendo y viniendo... A veces queriéndome y otras pidiéndome una amistad. A veces rozándome, y otras distante y frío. Pidiéndome que viéramos nuestros recuerdos juntos, sentados en un banco, mientras en tus adentros sonreías y yo temía un amargo final.Ese día tu mirada me pedía más. Hasta que volvió el distante. Tus cambios eran más que notables. Cuando todo nos iba bien, siempre tenías que retroceder. Empezaba a odiar esa palabra. Retro-ceder... Ojalá cedieras para dejar paso a tus sentimientos.
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