Pages

7 de febrero de 2010

Semáforos rojos

semaforo-rojo La tarde fue extraña. Nos encontrábamos todos los semáforos en rojo, como si quisieran decirnos que parásemos que no íbamos por buen camino. En efecto, llegamos y estaba cerrado. Después de haber andado un buen rato. Pero no importó.
Dos horas antes, sin saber por qué, insististe en quedar. Al fin y al cabo, la suerte sí que me había sonreído. Además con una gran sonrisa de esas que no se olvidan fácilmente. Me dio igual aquel buen rato caminando, porque sabía que lo estábamos haciendo juntos. Andábamos hacia el mismo lugar y por el mismo camino. Sin que nadie se interpusiera entre nosotros, a pesar del frío, a pesar de la evidente timidez que mostrábamos. Me costó mucho hacerme la fuerte, intentando no mostrar nada de mí, pero en cuanto nuestras miradas, inconfundibles, se juntaron entre la negrura de la noche, todo cambió.
Me encontré con muchos conocidos, que cuchichearon un rato y se dieron la vuelta para observarnos. Yo reía. No me importaban, nada me importaba.

No hay comentarios:

Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)