15 de octubre de 2010
Su tez blanquecina como la nieve y su piel rugosa y fría. Su ronca voz, que tiempos atrás me había provocado un pavor tremendo, sonaba ahora suave. Le costaba articular más de dos palabras seguidas cuando estaba frente a mí. Sus pies pisaban temblorosas losas que se tambaleaban a su paso, como cuando el viento bambolea las ramas de los árboles.No sé qué creerme de ti, y de nuevo se abren los dos mismos frentes de siempre: mi mente y mi corazón. Uno me dice que tus actos fueron demasiado brutales como para perdonarlos. Te reprocho la aparente impasibilidad que aún te dura, la falta de cariño, la incomprensión e incoherencia de cada cosa que se dijo en aquellas dos mecedoras que tanto nos gustaban. El otro me murmura que olvide, que pase página, que deje el rencor aparcado en cualquier esquina, que comprenda lo incomprensible, que deje de preguntarme por qué y me limite a vivir junto a ellos.
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Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)

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