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25 de octubre de 2010

Dormía plácidamente a pierna suelta y sin darme tiempo a formular un sí, te infiltraste en mi letargo.
Con escenarios entremezclados y extras para darle más credibilidad a la película, empezamos a rodar sin argumento alguno.
La primera escena tuvo lugar en una fiesta. Cientos de hombres-pingüino y pamelas grandes y esperpénticas se sentaban en una terraza "con clase". Una música se oía de fondo mientras un señor encima de una tarima gritaba algunos nombres y daba una especie de premio. Dijo el mío y toda la gente comenzó a aplaudir como si se les fuera la vida en ello. Y cuando iba camino de recogerlo cambié de escenario.
La ciudad descansaba de coches, de suciedad y de estrés. El aire soplaba cerca del mar. Las olas rompían a nuestros pies. Paseábamos juntos por una playa desierta, tan desierta que nos asustaba no ver a nadie por ningún rincón. Pero no sé ni cómo, hasta durmiendo nos leemos la mente. Me llevaste a tu oasis.

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Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)