
Unas flores de plástico adornaban la estancia acompañando al silencio. La gente miraba al verte llegar. Dabas aires nuevos y muchas sonrisas para alegrar a todas aquellas personas, que como las flores de plástico, parecían ajenas al dolor, ajenas a la vida. Nada más lejos de la realidad...
A pesar de que te costaba mucho ir a ese lugar, no dejabas de ilusionarte al ver sus ojos brillar cuando te observaba a su lado o cuando la abrazabas y sentías que te contagiaba toda su vitalidad.
Y la observabas: sus ojos, de un color gris apagado, reflejo del paso del tiempo al igual que sus arrugadas manos, cada arruga pertenecía a una batalla ganada o al menos eso siempre decías.
Y era precisamente en ese momento cuando te fijabas en que había mucha más vida de la que te habías imaginado.
A pesar de que te costaba mucho ir a ese lugar, no dejabas de ilusionarte al ver sus ojos brillar cuando te observaba a su lado o cuando la abrazabas y sentías que te contagiaba toda su vitalidad.
Y la observabas: sus ojos, de un color gris apagado, reflejo del paso del tiempo al igual que sus arrugadas manos, cada arruga pertenecía a una batalla ganada o al menos eso siempre decías.
Y era precisamente en ese momento cuando te fijabas en que había mucha más vida de la que te habías imaginado.
2 comentarios:
Buf.
Sin palabras.
Esto me ha hecho recordar a mi abuela ,y me ha emocionado mucho. Tengo la gran suerte de verla muy a menudo y de tenerla cerca de mí. Es uno de los pilares más importantes de mi vida y me es imposible imaginar que llegue el día en el que me falte. Son fuertes ,muy fuertes.
Grandísima entrada ,Imaginativa.
Me encanta :)
=) Me alegro de que te haya gustado Burbuja!
Pues si tienes esa gran suerte lo único que tienes que hacer es disfrutar y aprender de/con ella lo máximo que puedas! que por desgracia, nunca se sabe...
Un beso ^^
Publicar un comentario