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24 de abril de 2010


La música retornaba lo que habíamos dejado a medias. Lejana se oía mientras el mundo me parecía que no tenía sentido sin ella. La canturreábamos alegremente. El cielo azul nos envolvía. El sol se había dignado a asomar sus rayos. Me cegaba, pero más me cegabas tú.
La música seguía oyéndose. Notas que danzaban sobre el césped del parque y se escapaban hacia la libertad sin remedio. La noche se iba acercando, el sol se escondía. Sin embargo todo daba igual. Sólo me importaban aquellos dos cuerpos que se comunicaban en silencio.
Ahora la música apenas se oía.

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Sueña y serás libre en espíritu,
lucha y serás libre en vida.
(Ernesto Che Guevara)