Y un año más, toca hacer balance de este 2009.
Los primeros meses de este año que ya acaba, no fueron buenos ya que me encontraba sumergida en mentiras, y lo peor, no me daba cuenta de ellas. Cuando por fin me di cuenta, pude afrontarlas y seguir adelante. Al principio seguías mis pasos, pero luego pude correr y dejarte lo suficientemente atrás como para que no me siguieras más.
Los meses que siguieron hasta llegar noviembre no sabría muy bien cómo catalogarlos. Aquella ilusión de la que hablé, estuvo muy presente en algunos meses; en otros, me desbordó la desconfianza y la indiferencia que me llegaba desde personas que creía imprescindibles en mi día a día. Creía…
Al llegar este penúltimo mes, quizá un poco antes, las cosas empezaron a cambiar. No había tenido suerte en todo el año, y supongo que comencé a tenerla. Me empezaron a llenar tus conversaciones, tus sonrisas, tus tonterías… Mi vida cambió como nunca lo había hecho. Muy despacio, fui viendo como todo se iba transformando, como la esperanza de tenerte más cerca algún día, se hacía fuerte, tan fuerte que parece que se hace realidad.
De este año, me quedo sin duda con lo poco que ha pasado entre nosotros, con tu forma de ser, con las risas interminables con mi amiga del alma, con las sabias palabras de personas que me ayudaron a muchas cosas como no agobiarme, seguir mi camino, con los que lograron sacarme una sonrisa cuando me encontraba apagada…
Espero que este año que ya está asomándose, me depare felicidad y evidentemente salud, no sólo para mí, sino para todos los que me rodean. También espero volver a ver el mar, único momento de este año, donde encontré la paz, la tranquilidad y la estabilidad que pedía a gritos.
Quiero volver a correr por las calles sin un rumbo fijo, y quiero sentir el calor del sol, calentando y alumbrando cada detalle de este mundo.
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