Todos y cada uno de mis errores. Hay que sanarlos. Ya que me hicieron daño, que no advirtieron el dolor que podían provocar los hechos y las palabras…
Ahora da igual. Las respuestas de mi cabeza no han tardado en aparecer y las de mi corazón, diferentes, me dicen que ya no pueden más.
Una vez en frío, pienso que lo mejor sería abandonarlo todo. No tocarlo y dejar que el tiempo se lo lleve. Que venga una gran tempestad que pueda hacer de mí la que siempre era. Llevándose consigo cualquier recuerdo dañino.
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